Copa Chile 1959 fue realizado en el marco del Festival Sobreimpresiones: cuarto encuentro latinoamericano de risografía, publicaciones y arte impreso en Valparaíso. Será lanzado en la Feria Gráfica Sobreimpresiones (6-7 de junio de 2026, CENTEX, Plaza Sotomayor, Valparaíso, Chile).

Afiche tamaño A3. Risografía a dos colores, papel Arena Rough. Impreso en los talleres de Rata Estudio.

Compuesto con la tipografía Lira Sans, de Quintana Font.

/////////

Copa Chile 1959: Labor porteña

La Copa Chile de 1959 fue la segunda edición de este certamen. Fue organizada entre noviembre y diciembre de ese año, tras la finalización del torneo de Primera División. La disputaron 32 equipos, provenientes de distintas divisiones y asociaciones: los 14 equipos de Primera División (Audax Italiano, Colo Colo, Deportes La Serena, Everton, Ferrobádminton, Magallanes, O’Higgins, Palestino, Rangers, San Luis de Quillota, Santiago Wanderers, Unión Española, Universidad Católica, Universidad de Chile), 10 equipos de Segunda División (Coquimbo Unido, Green Cross, Ñublense, San Bernardo Central, San Fernando, Santiago Morning, Trasandino, Unión La Calera, Unión San Felipe, Universidad Técnica), 2 del Campeonato Regional de Concepción (Fernández Vial, Naval) y 6 equipos pertenecientes a la Asociación Nacional de Fútbol Amateur (selecciones de Arica, Calama, Copiapó, Peñaflor, Cauquenes y Pitrufquén).

Vale señalar también que por esos días la selección chilena venció por primera vez a Argentina (4-2), en un partido que sirvió como homenaje a Roberto Sapo Livingstone, arquero de la Roja entre 1941 y 1954. Aquella noche en el Estadio Nacional hubo dos caturros en la oncena titular preparada por Fernando Riera: Raúl Sánchez y Armando Tobar, dos jugadores que juego formaron parte del plantel que disputó la Copa del Mundo de 1962.

Santiago Wanderers no tuvo un camino sencillo en la Copa. En la primera ronda enfrentó a Unión San Felipe en una serie de ida y vuelta. Pese a caer derrotado 3-2 en la ciudad del Aconcagua, la victoria 4-2 en Valparaíso en el primer partido le permitió clasificar por diferencia de goles. En la fase siguiente también enfrentó a un equipo de la Región de Valparaíso, esta vez Unión La Calera. A partido único, el cuadro del ascenso llevó la serie hasta la prórroga en Playa Ancha. Los del cemento perdían 1-3 hasta bien entrado el partido, cuando apretaron el acelerador y lograron anotarle en dos ocasiones a Juan Olivares, quien había debutado en el arco verde en la llave contra los sanfelipeños. Un autogol de Ismael Sandoval en el minuto 114 le dio la victoria al cuadro de Valparaíso.

Ya en cuartos de final, Santiago Wanderers recibió a Universidad Católica. La llave se suponía pareja, luego de que el equipo cruzado eliminara a Santiago Morning, campeón del ascenso de esa temporada, por 3-1.  Y así de exigente fue. Los del puerto afrontaron la serie con nuevo portero, Juan Félix Martínez, quien regresó al arco del que se había retirado tras el título de Primera División de 1958. Había que extremar recursos: Juan Olivares estaba muy nuevito, el titular Carlos Espinoza aún estaba en recuperación postoperatoria y el Luis Gardella, el otro cuidatubos del plantel, estaba lesionado. Fue fundamental el retorno de Martínez después de casi un año de receso, ya que le negó el gol a Alberto Fouilloux y a Osvaldo Pesce. Wanderers se fue al entretiempo en ventaja, gracias a la anotación de Ricardo Díaz. En el minuto 87 vino el empate de Raúl Godoy para la UC. Otro tiempo suplementario y nuevamente los verdes salieron airosos, gracias al gol de Armando Tobar.

Con la experiencia de quien conoce las claves de un equipo ganador, el periodista de revista Estadio Antonino Vera entendió que Wanderers tenía todos los atributos para llevarse el título. Y lo advirtió cuando aún estaban en carrera Colo Colo y Universidad de Chile, ambos finalistas del torneo de Primera División, y el sorprendente Deportes La Serena de José Sulantay, Carlos Verdejo y Orlando Aravena, que pese a haber descendido a Segunda División, mostraba un fútbol vistoso y compacto:

Aunque todavía es muy prematuro hablar de estas cosas entre nosotros, tenemos la impresión de que Wanderers va a ser, por su fútbol de pulmón y de K. O., uno de esos equipos típicamente “coperos” que siempre van a estar prendidos a las semifinales o finales de la Copa. Tiene el cuadro porteño esa disposición especial que se necesita para partidos decisivos, en que no cuenta jugar bien si no se acompaña la expedición de otros atributos indispensables para este tipo de competencias. Wanderers tiene un fútbol áspero, apremiante, hostigador. Un fútbol sin pausa. Un fútbol ganador. En una lucha larga, de muchas fechas, puede ser que termine por resentirse, pero en un torneo de copa, en que los cuadros que terminan mejor juegan solo cuatro o cinco partidos a lo más, esos perfiles resultan valiosísimos.

Las semifinales y la gran final fueron programadas en el Estadio Nacional, en los días previos a la Navidad de 1959. Aunque la mayor parte de la prensa de Santiago esperaba que se reeditara la final del torneo de Primera División jugada unas semanas antes entre Universidad de Chile y Colo Colo, la realidad golpeó a los equipos capitalinos. En el primer turno, el cuadro papayero venció 3-2 a la U, luego de ir ganando 3-0. De fondo, Santiago Wanderers jugó su mejor partido del torneo y venció 4-0 a Colo Colo. Con arbitraje de Carlos Robles, el Decano se puso 2-0 antes de los 20 minutos del primer tiempo, gracias a los goles de Emilio Bozzalla y Carlos Reinoso. En la segunda fracción, Misael Escuti debió ir dos veces más a buscar el balón a sus redes. Otra vez Reinoso y Armando Tobar sellaron una goleada y el paso a la final contra Club de Deportes La Serena.

La final fue fijada para la jornada nocturna del martes 22 de diciembre, solo tres días después de las semifinales. Los de la Cuarta Región habían dejado en el camino a las selecciones de Calama y Peñaflor, a Trasandino y a Universidad de Chile. Si bien abrieron el marcador gracias a un penal anotado por el ex colocolino y mundialista Arturo Farías, la defensa serenense no logró aguantar las variantes ofensivas de Santiago Wanderers. Un doblete de Ricardo Díaz antes del entretiempo dio vuelta el marcador y luego, ya en el segundo tiempo, otro gol suyo, junto a otro par del Curco Reinoso dieron la victoria 5-1 a los porteños.

Esa noche de verano, un poco más de 5000 personas vieron cómo Santiago Wanderers levantó su primera Copa Chile –trofeo que volvió a alzar en 1961, con varios de los mismos futbolistas en su plantel–. Aquella edición demostró la vigencia del fútbol del cuadro de Playa Ancha que le había dado el título de Primera División de 1958, pero también que la renovación wanderina era una realidad con la consolidación de jugadores jóvenes como Aldo Valentini, y la irrupción de nuevas figuras, como Manuel Canelo, Ricardo Díaz, Eugenio Pastelito Méndez y Alberto Espinal. Mérito del entrenador José Pérez, pero también de la inagotable cantera del puerto, semillero eterno del fútbol chileno.